Entre las aguas del Ebro brota un vergel que hechiza a los viajeros con su elixir de felicidad, que une las almas y aclara las dudas.


Son sus vinos los que atraen a las gentes, la promesa de que no acabarás de probarlos todos, el último matiz por descubrir, el marinaje perfecto, el momento exacto donde el capullo se convierte en flor, con todo su esplendor y equilibrio para ser una obra maestra; no hay una botella  igual, porque dependerá de su uva, de como fue cuidada, su maduración, su elaboración y su guarda; pero además también tendrá que ver con tu paladar y con que lo acompañes, incluso con quien lo degustes.


En una Pascua Otoñal, la naturaleza junta sus factores y nos presenta el fruto de un tiempo que resume el paso de la vida para embasarlo para el futuro, no existe otro tesoro más vivo, más auténtico, más sagrado...


Es la liturgia que año tras año nos recuerda el mismo espacio, la misma cita, pero con un sabor nuevo, somos nosotros, nuestra compañía, nuestra nueva piel, pero el mismo espejo donde mirarnos, y el recuerdo de lo que somos y nos gusta de nosotros, para volver a encontrarnos y reconocernos, en el lugar que fuimos felices y queremos repetir esa sensación de plenitud que nos prometió la vida y que aquí supimos encontrar.

LA RIOJA ES PARA VOLVER